La economía tailandesa acusa el golpe – el Gobierno militar busca inversiones para reanimar el crecimiento del PIB

22/02/2015 in “El País”

Sobre el papel, Tailandia es un país privilegiado. Tiene una economía diversificada, un sector turístico potente y maduro y el caché de ser uno de los países del sureste asiático en los que más fácil es hacer negocios. Sin embargo, el Banco de Tailandia calcula que en 2014 el PIB ha crecido un mediocre 0,8% —frente al 3,1% estimado por el Ministerio de Finanzas a finales de 2013— y ha vuelto a recortar sus previsiones para 2015 del 4,8% al 4%. El Banco Mundial, por su parte, es más pesimista y prevé un alza del PIB del 0,5% y del 3,5% respectivamente.

Aunque Tailandia es uno de los ejemplos de la llamada “trampa de la clase media” —es decir, el estancamiento casi permanente del crecimiento tras un importante desarrollo económico— el principal motivo de este bajón en el PIB puede atribuirse a una década de inestabilidad política entre conservadores y populistas culminada en dos golpes de Estado —el último, en mayo del año pasado— y la sensación entre los mercados y los inversores de que los problemas aún no han acabado para el país asiático.

“Las cifras son relativamente buenas si tenemos en cuenta la situación política y el frenazo de la economía global”, señaló Duangjai Asawachintachit, vicesecretaria general de la Oficina de Inversiones de Tailandia, en una jornada organizada por la Cámara de Comercio de Madrid.

El Gobierno militar, encabezado por el nuevo hombre fuerte del país, el comandante del Ejército Prayuth Chan-ocha, tiene como uno de sus objetivos fundamentales reavivar el crecimiento económico, que está por debajo de la media de la Asociación de Países del Sureste Asiático (ASEAN, en sus siglas en inglés). Esta asociación de diez países de la región, de la que Tailandia es socio fundador, tiene previsto crecer más de un 5% tanto en 2014 como este año. Con ese fin el régimen ha iniciado un plan de siete años para atraer inversiones al país.

“Tailandia está de vuelta a los negocios”, proclamó la embajadora del país asiático en España, Busaya Mathelin. “Este Gobierno está tomando medidas que los anteriores nunca llevaron a cabo, como la lucha contra la corrupción y el tráfico de personas”. El país está estable en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional (entre 35 y 40 puntos sobre 100 en los últimos cinco años).

Entre los primeros planes del nuevo régimen está sacar adelante una batería de inversiones en infraestructuras —muchas de ellas bloqueadas por el atolladero político— que pretenden inyectar en la economía 2,4 billones de baht (65.100 millones de euros) hasta 2022. Estos planes pretenden desarrollar autopistas y ferrocarriles desde la capital, Bangkok, a las principales fronteras del país —para aprovechar su posición céntrica en el sureste asiático— y ampliar la red de metro de la capital. El Gobierno también ha hecho una apuesta decidida por las energías renovables, indispensables para un país muy dependiente de las importaciones de hidrocarburos. “Creemos que es una muy buena oportunidad para las empresas españolas”, señaló Duangjai.

Para Prakhan Kordumrong, consejero económico y comercial de la embajada de Tailandia en España, además de las energías renovables, las oportunidades de negocio para las empresas españolas en el país asiático se centran, sobre todo, en cuatro sectores: el automóvil —a pesar de la ausencia de marcas propias nacionales, Tailandia es un centro de producción de vehículos gracias al traslado de factorías de la industria japonesa—, máquinas herramientas, moda (especialmente complementos como bolsos y joyas) y el sector turístico.

El país cuenta como ventaja para la inversión la apertura de sus mercados, a la par que la de otros países de la región. La Oficina de Inversiones de Tailandia ha modificado sus criterios de inversión para hacerlos aún más receptivos al capital extranjero.

Sin embargo, el país no está exento de problemas. A pesar de que se ha ido reduciendo como en otras economías emergentes, la pobreza y la desigualdad continúan siendo problemas fundamentales de la economía tailandesa. El 20% de los tailandeses recibe el 50% de los ingresos, según el Banco Asiático de Desarrollo. Y las bolsas de pobreza y desigualdad se acentúan en las regiones más alejadas de Bangkok y las zonas turísticas del océano Índico.

Y, pese a las buenas intenciones del régimen, la inestabilidad política sigue presente y puede ser uno de los motivos de la desaceleración del consumo en la última mitad del año, a pesar de la caída de precios provocada por la bajada del petróleo. Esta misma semana la Fiscalía anunció la imputación de la primera ministra depuesta, Yingluck Shinawatra, acusada de malversación de caudales públicos tras conceder subsidios al arroz para los agricultores del interior del país a cargo del Estado.

Un desafío adicional está en el futuro del rey Bhumibol Adulyadej, la figura más venerada del país. Con 87 años —68 de ellos en el trono— el monarca tiene una salud frágil y sus apariciones son escasas.

 

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